Por: Alexander Pérez Espejo – Presidente de Cocepu y de la Junta Nacional de Palma Aceitera del Perú (Junpalma Perú)
- June 11, 2026-

El reciente Tercer Congreso Palmero Mexicano, celebrado en el estado de Tabasco, se convirtió en un espacio crucial para analizar el impacto del cambio climático y las tendencias globales que definirán el rumbo de nuestra industria. Aunque el panorama no es nada positivo, el reto es alentador. Es por eso que como presidente del Comité Central de Palmicultores de Ucayali (Cocepu) y la Junta Nacional de Palma Aceitera (Junpalma), es importante usar estas líneas para proponer un consenso nacional entre palmicultores y el estado peruano que nos permita resistir el golpe y crecer al mismo tiempo.
Y es que en un mercado altamente competitivo, donde el «triángulo de las oleaginosas» —conformado por la soya, la canola y la palma— a menudo se ve sacudido por tensiones comerciales y campañas de desprestigio, mirar el panorama global nos permite anticipar el futuro con optimismo. La tendencia indica que los precios internacionales se mantendrán estables, pero el real desafío radica en cómo nos preparamos para los cambios climáticos.
Uno de los temas centrales del debate internacional es la inminente llegada de un fenómeno de El Niño global de gran magnitud, catalogado ya como un «Súper Niño». Los pronósticos científicos y las proyecciones presentadas en Tabasco advierten que el sudeste asiático, especialmente gigantes como Indonesia y Malasia —que controlan casi el 90% del mercado mundial—, sufrirá un impacto severo que mermará su producción y frenará sus exportaciones. Ante este escenario, las miradas del mundo inevitablemente se volverán hacia el mercado latinoamericano.
Para el Perú, el reto es claro y exige una respuesta proactiva. Frente a la amenaza de las sequías prolongadas que suelen acompañar a este fenómeno, no podemos cruzarnos de brazos a esperar que la lluvia decida el destino de nuestras cosechas. Es el momento de liderar un cambio de paradigma y de impulsar, de la mano con el gobierno, inversiones estratégicas en infraestructura hídrica.
Necesitamos que el Estado comprenda la magnitud de lo que está en juego y ejecute obras clave que permitan canalizar el agua de manera eficiente hacia las zonas agrícolas, asegurando la sostenibilidad de nuestra producción.
La clave del éxito para los palmicultores peruanos se resume en una palabra: riego. En regiones emblemáticas como Ucayali, el camino a seguir consiste en identificar y aprovechar los espejos y fuentes de agua disponibles para implementar sistemas de riego tecnificado que funcionen durante todo el año.
La evidencia técnica es contundente: contar con un suministro hídrico constante no solo protege los cultivos de las inclemencias del «Súper Niño», sino que tiene el poder de duplicar los rendimientos por hectárea. La tecnificación es el puente de oro hacia una productividad nunca antes vista en nuestro país.